Domingo de Ramos, día bendito
En el albor del Domingo de Ramos,
bajo un cielo rebosante de luz,
las palmas se mecen con encanto,
cantando esperanzas de amor y virtud.
El sol brilla en el horizonte,
calentando los corazones de la multitud,
que se reúne en sagrado nombre,
celebrando el inicio de la Pasión con gratitud.
Las ramas verdes ondean con alegría,
como símbolo de amor y paz,
en las manos del pueblo reunido,
que proclaman al Mesías en su andar.
Resuenan las campanas en lo alto,
anunciando a Cristo en su llegada triunfal,
aquel que viene humilde y sereno,
montado en un burro, sin pompa ni fanfarria.
Oh, Domingo de Ramos, día bendito,
lleno de esperanza y de fe eterna,
que nos recuerda la promesa divina,
de salvación, resurrección y vida eterna.
En este día, nuestras almas se elevan,
nuestras manos en alto clamando por su amor,
y nuestras voces se unen en un cántico,
alabando al Señor y sus bendiciones.
Que la esperanza de este Domingo de Ramos,
perdure en nuestros corazones por siempre,
y que la bendición del Mesías amado,
nos guíe en cada paso, en cada amanecer.
Porque en este día, comenzamos la Semana Santa,
un camino de entrega, amor y sacrificio,
que nos recuerda el amor incondicional de Cristo,
y nos acerca a la verdad y la vida eterna.
Más allá de la cruz, esperanza florece
En el umbral de la semana santa, resplandece
El Domingo de Ramos, cual día de esplendor,
Donde la luz divina, amor y fe se teje,
Al recordar a Cristo en su entrada triunfal.
Palmas y olivos, símbolos de victoria,
Se alzan en alto, en humilde devoción,
La multitud se llena de fervor y gloria,
Honrando al Salvador, Rey de la creación.
Más allá de la cruz, esperanza florece,
Lazos entre lo eterno y lo terrenal,
Hoy se aúnan el cielo y la tierra, se estremece
El alma, al contemplar este amor celestial.
Un amor que, entregándose en cuerpo y alma,
Se vuelve faro en la oscuridad,
La promesa de un nuevo mañana,
De bondad, paz y eterna claridad.
En la brisa que besa cada rama,
Susurran las voces de la eternidad,
Que en el Domingo de Ramos nos llama
A abrazar la esperanza y la fraternidad.
Así, en este día, el pueblo se arremolina,
Alzando sus palmas, en sagrada comunión,
Porque en el corazón de cada alma peregrina,
Anida la llama del amor y la redención.
Porque en la vida y la muerte, su amor siempre nos acompaña
En el albor de la aurora, un Domingo de Ramos,
resuena un eco divino, del cielo un canto de paz.
Por las calles y plazas, palmas y olivos se alzan,
anunciando la llegada, del Salvador que avanza.
El amor se respira, el aire se aligera,
las almas en sus plegarias, se funden con la esperanza.
Bendito el que nos redime, el que en la cruz carga,
el peso de nuestras culpas, el faro en la noche oscura.
A lo lejos se aproxima, humilde y lleno de gracia,
cual rey sin corona, el Mesías que hoy nos abraza.
Sus ojos llenos de luz, su sonrisa, una cascada,
de amor puro y eterno, misericordia que baña.
Las palmas entre las manos, la fe de niños y ancianos,
unidos en una voz, celebran la vida que ampara.
En la cruz se encuentra el sacrificio, la promesa del mañana,
y en este Domingo de Ramos, la esperanza se levanta.
Porque en la vida y la muerte, su amor siempre nos acompaña,
y en esta jornada sagrada, nuestras almas se enlazan.
En el eco de las iglesias, en el murmullo de las almas,
se eleva un canto de amor, al Salvador que nos salva.
En la belleza de este día, en la paz que nos regala,
en el Domingo de Ramos, la esperanza se abraza.
Domingo de Ramos, pórtico divino
En el umbral de la semana santa,
se yergue el Domingo de Ramos,
día de esperanza, amor y encanto,
que a nuestras almas llega en un manto.
Sus palmas alzan al cielo, un canto,
reverencia al Hijo amado, al santo,
que en humilde borriquito avanza,
ungiendo con paz y gloria su estancia.
Oh Jerusalén, ciudad de esplendor,
prepárate a recibir al Señor,
que con ternura y amor camina,
cual profeta, cual rey, cual divina.
Con fe y esperanza, la gente espera,
con ramos verdes y palmas sinceras,
saludan al Mesías que se acerca,
en su corazón una llama se enciende y reaviva.
Se extienden mantos de alegría,
de olor y sabor a vida,
pues en este día, una promesa clara,
de paz y redención se declara.
Domingo de Ramos, pórtico divino,
nos recuerda que en el camino,
un salvador nos espera,
aunque la cruz se avecina, él nos libera.
La Pasión se avecina, sí,
pero en este día, la esperanza se hace sentir,
pues en la muerte y resurrección,
descansa la promesa de eterna bendición.
Así que levantemos nuestras palmas,
y celebremos con gozo y con alma,
que en este Domingo de Ramos,
la esperanza y el amor son nuestro canto.
En el albor del Domingo de Ramos
En el albor del Domingo de Ramos,
cuando renace el sol con su fulgor,
la bendición se esparce en tiernos ramos,
y en cada corazón brota el amor.
Las palmas ondean en manos puras,
cual signo de esperanza y devoción,
celebrando la vida que perdura
y el triunfo del amor y la redención.
La sombra del dolor se disipa,
en este día de humilde fervor,
nuestras almas con Cristo se unifica,
y se encienden con celestial ardor.
El camino se viste de alegría,
el eco de hosannas resuena en paz,
pues llega el Salvador en este día,
a liberarnos del mal y su disfraz.
Que el viento del espíritu divino,
sople en nuestras almas y corazón,
y en este sagrado día festino,
alcemos nuestras palmas en oración.
Porque en este Domingo de Ramos,
la fe y la esperanza resplandecen,
y en cada rincón del mundo enclavamos,
un mensaje de amor que nunca perece.
Caminamos juntos en la procesión
En este Domingo de Ramos brillante,
donde la luz y la fe se entrelazan,
la esperanza florece en cada instante,
y las almas en gracia se abrazan.
Hojas de palma y olivo se alzan,
como estandartes de amor y devoción,
en los corazones humildes se anidan,
la paz y la alegría en su bendición.
Caminamos juntos en la procesión,
con fervor y oraciones en la mirada,
siguiendo a Jesús en su misión,
en esta jornada tan sagrada.
Esperanza que renace en la tierra,
en el palpitar de cada corazón,
Domingo de Ramos que encierra,
el poder de la fe y la redención.
Unidos en este solemne día,
elevamos nuestras palmas al cielo,
en este camino que nos guía,
hacia el amor y el consuelo.
En la senda de la vida seguimos,
celebrando la llegada del Salvador,
nuestras voces, en coro unimos,
entonando himnos de amor y fervor.
Que este Domingo de Ramos sea luz,
iluminando sombras de desesperanza,
que sus bendiciones nos conduzcan
hacia la fe, el amor y la esperanza.
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Oh Jesús, Salvador nuestro,
hoy te damos gracias
por tu amor y sacrificio.
Amén.
Lilián Gomez

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también recordamos
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se sacrificó
por nuestros pecados
y venció a la muerte
En este Domingo de Ramos
recordemos
el gran amor de jesus
y sigamoslo
Toda la gloria y honra a nuestro señor
En este Domingo de Ramos!
Yazmina Montero






