En el Día de Todos los Santos
Bajo el manto nocturno se desliza,
la algarabía en huestes celestiales,
un coro de almas puras, sempiternas,
que en el Día de Todos los Santos retorna.
Desde el más allá llegan sin prisa,
los que en vida lucharon ideales,
con amor y nobleza inquebrantable
y vencieron las sombras tan eternas.
Su presencia se instila en la brisa,
con susurros de antiguos manantiales,
y en la luna que vierte sus destellos
ilumina sus rostros en la penumbra.
Vuelan sigilosos desde la risa
desplegando sus alas nacaradas
y en el claror del día, muy sedientos,
beben el rocío de los pétalos.
Así, en el Día de Todos los Santos,
celebramos la vida y los valores,
y honramos a quienes fueron antes
y dejaron sus huellas de ancestro y luz.
Poema para los Santos
En el Día de Todos los Santos, en que el cielo se une a la tierra,
qué impresionante brillo emana, de las almas que a mí me llegan.
Ellas vienen de lo más alto, desde ese reino celestial,
a postrarse junto al altar donde se halla el cuerpo en paz.
Las flores de colorido que en lo terrenal han brotado
en nuestras ofrendas caben, rindiendo así tributo al mundo,
con frescos y dulces aromas, el trance de la vida transitamos,
y bajo los alientos del viento se celebran todos los santos.
¡Oh! Qué alegría siento siempre, al recordar a mis seres queridos
pues el destino aquí en la tierra nos ha unido a todos;
hoy en día, su nombre recordamos, la marca en nuestras vidas
y gratitud en nuestras almas, a ellos se les ha ofrecido.
El Día de Todos los Santos nos viene a traer la certeza,
que más allá de nuestro mundo, nuestros ángeles nos esperan.
Su protección nos arropa y nos brindan su santa bendición
iluminando nuestras vidas desde el cielo sin recesión.
La luz de sus llamas puras, cual velitas encendidas,
son faros en la penumbra, que marcan nuestro sendero
y en el ocaso de la vida, cuando llegue el momento,
sabemos que allí nos esperan, en el cielo de lo incierto.
Por eso en este día sagrado, alzamos nuestras oraciones
y en cada rincón de la tierra, mezclamos lágrimas con risas.
Honor a los que se marcharon, siempre presentes en cada recuerdo
El Día de Todos los Santos, siempre en la memoria del ser humano.
Tributo a los Santos
En la aurora mística del primero de noviembre,
con mayor contemplación y dulzura,
se alzan alabanzas al cielo, sin encumbrar el nombre,
de todos los que sienten su alma pura.
Flores, velas y rezos de fe encendida,
nos acercan al recuerdo de quienes ya partieron,
almas buenas y santas, que entregaron la vida,
cuya luz ilumina el sendero.
Rumores de suspiros llenos de amor y misterio,
susurran bajo el velo del sagrado día,
voces racimos de estrellas en el centro,
y nos regalan fuerza, paz y alegría.
Hoy, los que en vida florecieron,
fulguran lejos del miedo y del dolor,
alzándose celestiales, A la tierra agradecidos,
ya que este día revela su legado de bondad y amor.
Y al final del ocaso, con el corazón contento,
llevamos en silencio nuestro tributo sincero,
a los Santos que amamos, aquellos que nos enseñaron,
en la tierra, el camino hacia lo etéreo.
En esta fecha sagrada
En esta fervorosa fecha sagrada,
donde las almas en pena divagan,
honramos a los santos con nuestras alabanzas,
rogamos por aquellos que yacen en desgracia.
Por las calles desfilan los fieles con presteza,
a las iglesias llegan con fe y entereza,
cada familia, en sus rezos y reflexiones,
nos acercan a la vida de aquellos serafines.
Los santos, esperanza de la humanidad,
nos guían por la senda de la caridad,
alegran nuestras almas con su devoción,
nos piden en silencio actuar con compasión.
El anhelo a ser mejores en su presencia,
nos inspira a seguir su senda con paciencia,
abrazar la bondad, pese al sufrimiento,
para llegar al cielo con gran mérito.
El aroma de flores que en sus huertos se ha creado,
nos recuerda la dulce paz de que han gozado,
los ojos encontrando a las almas de aquellos,
que entre el cielo y tierra son estellos.
Ayer fueron unidos, ahora tan separado,
que el Día de Todos los Santos siempre os anhelado,
con amor infinito y las plegarias recitado,
por aquellos que en la eternidad descansado.
Prendiendo velas
Hallé en el campo una flor marchita,
que el tiempo en sus brazos llevó,
y sus hojas susurran dolientes
historias que el viento cantó.
Por la senda de sombras y misticismo,
avanzamos en reverente misión,
prendiendo velas, homenaje a los santos,
y a las ánimas que en paz descansó.
En el cielo bordado de estrellas,
infinito sin tiempo ni nórdico,
ruedan de miedo las moradas almas,
y en las aldeas, el miedo al quebranto.
Los vecinos recolectan flores,
entre abiertos abismos lanzan sus rezos,
y en la noche de los difuntos, ventas
lassos los lazos de sus tormentos.
La luna en lo alto nunca se esconde,
illa dormida entre gritos e luas,
la muerte duerme en los cementerios,
y los vivos recuerdan a sus ancestros.
Da en vuelta la rueda que el tiempo vertía,
y cada año se abren las puertas vacías,
donde reposan las tumbas del pueblo,
esperando a que pase la vida.






